Mierda en bruto putas de san isidro

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Ya hemos aprestau la charre emperifollada con royas banderas y brancas de chopo. Ya hemos preparado la tartana adornada con rojas banderas y ramas de chopo. Se desengafetó la brusa y quitand una teta, le chitó un churro de calida lei en su endolorada orella.

Canso de fuyir y amagarse, afamegau y calamidoso. Cansado de huir y esconderse, famélico y calamitoso. Roñó soberbioso, rutiand bafurosa y rudiosament Gruñó arrogante, eructando asquerosa y ruidosamente. Escolifland a un pirín escallentiu y escochuntau, que le penchaba tozuelo abaxo.

Desplumando a un pollo escaldado y descoyuntado, que le colgaba cabeza abajo. Con las mans en las ancas, baldiand el busto con una riseta plena de malizia.

Con las manos en las caderas, meciendo el busto con una sonrisa llena de picardía. Vamos a repasar sentimientos y otros variados vocablos, de la rica Fabla aragonesa. Si ya sabéis los insultos y los verbos, vamos a dar una somera pincelada a los objetos, materias y animales. En la actualidad el castellano se impone de la mano de los libros de texto, maestros forasteros y los medios de comunicación, sobre todo la televisión. La castellanización ha actuado fuertemente, mostrando a veces formas empobrecidas o híbridas de castellano y aragonés.

Cuando fueron amnistiados por el triunfo del Frente Popular, ya estaban saturados de odio, feroz rencor y deseos de venganza. Tras estallar la Guerra Civil, los anarquistas iniciaron y mantuvieron, durante el mes de agosto, el incendio del Real Monasterio de Sijena: Corte, Archivo y Panteón de los reyes de Aragón.

Extinguido el incendio profanaron los sepulcros, esparciendo por tierra los esqueletos del rey Pedro II el Católico, su madre Sancha de Aragón, infantas, miembros de la casa real, los caballeros de Muret y los de siglos de monjas. Estoy obligado a transcribir mis recuerdos y sentimientos, porque en breve plazo voy a ser acuchillado. Voy a ser extraído, cortado Y analizado, después de haber llevado una vida ejemplar cumpliendo todas mis obligaciones con perfección, regular y regladamente, pero sin dar los frutos deseados por causas ajenas a mi férrea voluntad.

Pero yo no soy la causa de su problema, es ella la que no ha sido capaz de concebir, ni llevar a término mi función principal, poniendo todas las trabas posibles: Todos mis antepasados cumplieron con su deber, transmitiendo mis obligaciones que he cumplido fielmente, sin producir el provecho buscado por culpa del egoísmo de mi propietaria, que se ha empeñado en llevar la contraria a las leyes de la Naturaleza.

En realidad sólo le he producido molestias, migrañas,… periódica y regularmente. No le preocupo en absoluto. No le importa separarse de mí, ni lo que me ocurra. Yo he influido muchas veces en su conducta y sentimientos, igual que ella ha condicionado los míos.

Conozco objetivamente y sin apasionamiento parte de su vida y sus circunstancias. Esta noche no hemos dormido. Temo que sea por el terror que tiene a su intervención. Ella va a seguir viviendo, pero yo después de ser torturado moriré. De madrugada la depilan y nos trasladan en una camilla con ruedas a mi cadalso, atiborrado de extraños artefactos y luces.

Allí reconozco a mi verdugo acompañado de otros individuos enmascarados, vestidos con batas y gorros verdes. Ella se duerme y yo voy notando como se acercan a mí y empiezan a cercenar mis alrededores. No puedo seguir hablando. Noto como me acuchillan. Adiós, voy a morir… FIN. Abandonó el monasterio jerónimo de San Isidoro del Campo, próximo a Sevilla, en , al descubrirse la comunidad protestante Sevillana, fijando su residencia en Ginebra.

Su deseo de ponerse a salvo de la Inquisición, diferencias con los calvinistas, las intrigas de Felipe II que puso espías cerca de él y precio a su cabeza , necesidades económicas y la impresión de su traducción de la Biblia la primera completa al castellano a partir del hebreo y el griego le obligaron a cambios constantes de domicilio.

Como traductor, se le debe la conocida como Biblia del Oso Basilea, y la traducción al francés de Historia Confessionis Augustanae Amberes, Fue el autor de la Declaración o Confesión de Fe hechas por ciertos fieles españoles, que huyendo de los abusos de la Iglesia Romana y la crueldad de la Inquisición de España, hicieron a la iglesia de los fieles para ser en ella recibidos Frankfort, ; de comentarios a porciones de los Evangelios de San Juan y San Mateo aparecidas en latín en , Frankfort y de un Catecismo , publicado en latín, francés y holandés.

También redacto unos Estatutos para una sociedad de ayuda a los pobres y perseguidos, en Frankfort, que ha llegado hasta nosotros. En el Auto de Fe de la Inquisición de Sevilla, el 26 de abril de , fue quemado en efigie y figuró en el Indice como autor de primera clase.

Fue el autor del primer gran libro contra la Inquisición publicado por primera vez en Heidelberg en bajo el pseudónimo de Reginaldus Gonsalvius Montanus. En la lectura anterior, vemos coincidencias en la vida de Casiodoro Reyna con la de su predecesor Miguel Serveto Conesa: Los dos se proclaman Hispanus hasta su muerte, a pesar de solicitar y obtener ciudadanía extranjera; viajan a Ginebra, donde hablan con Calvino; se ven obligados a viajes y cambios constantes de domicilio, para huir de la Inquisición e imprimir sus obras, usando en ocasiones pseudónimo; ayudan a los pobres; se enfrentan a la doctrina calvinista; respetan a los anabaptistas; son quemados en efigie.

También había otras traducciones incompletas. También en la portada se encuentra, tanto en hebreo como en español, el siguiente texto: Fue un convencido de la absoluta e imperiosa necesidad, de que los hombres pudiesen leer y comprender la Eterna Palabra en su propia lengua.

Cipriano, fecundo escritor, atestiguó el respeto y subordinación que sentía por Calvino, traduciendo al castellano sus Instituciones Cristianas. Enzinas se había gastado una enorme suma tanto en la realización de los seiscientos grabados contratados al artista Fran Oberritter en Estrasburgo, como en la fundición de los majestuosos y bellísimos tipos de letra utilizados posteriormente en la segunda edición en folio real de la Humani corporis fabrica de Andreas Vesalius, Basilea, J.

La temprana muerte de Enzinas le ahorró al reformador ginebrino Calvino, la mayor afrenta de su vida: Cuando los calvinistas se enteraron de que Casiodoro se marchaba a Inglaterra, no tardaron en ponerle el sobriquete de Moisés de los españoles, pues logró llevarse consigo muchos de sus compatriotas. Los celosos calvinistas de las iglesias francesa y flamenca de Londres, guiados por su extrema desconfianza y antipatía por Casiodoro, no hacían sino espulgar sus textos, buscar herejías y denunciarlas a Ginebra, llegando a avisar a la Inquisición,y se le acusa injustamente de sodomía.

El resultado de esta conjura fue la huída precipitada de Casiodoro a Amberes en enero y la dispersión de la iglesia española de Londres. El primer contrato para la edición de ejemplares de la Biblia, fue firmado en el verano de con el famoso editor Oporino. Por desgracia para Casiodoro, en el mes de julio y antes de poder dar comienzo a la impresión de la Biblia, Oporino murió, ocasionando un retraso en la impresión. Después de la publicación de la Biblia, en septiembre , en la que, por razones obvias de cautela para su difusión en tierras católicas, no se mencionaban ni el nombre del traductor ni el lugar de impresión, los enemigos de Casiodoro, no levantaron la guardia.

En Amberes se cambiaron las portadas de muchos ejemplares por el frontispicio del célebre Diccionario de Ambrogio Calepino a fin de poderlos mejor difundir en España. Esta estratagema no funcionó siempre, y dio lugar a un nuevo avisó a los tribunales: Su verdadero intento, era acabar de una vez por todas con el hecho, vergonzoso en los ojos de algunos estrechos calvinistas españoles, de tener que servirse de una Biblia, que tanto en el orden de los libros como en las anotaciones teológicas marginales, no correspondía exactamente a las Biblias oficiales de Ginebra.

Valera se puso hacia en Londres a revisar la Biblia de Casiodoro, quien por entonces le era doblemente sospechoso: Pero para evitar la acusación de comportarse como un plagiario, Valera esperó hasta la muerte de Casiodoro, para publicar en Londres en una edición propia del Nuevo Testamento.

Menéndez y Pelayo escribe en su célebre Historia de los Heterodoxos Españoles: No los desdeñaron nuestros reformistas del siglo XVI: Juan de Valdés puso en hermoso castellano los Salmos y parte de las Epístolas de San Pablo; Francisco de Enzinas, no menor helenista, vertió del original todo el Nuevo Testamento; Juan Pérez aprovechó y corrigió todos estos trabajos. Uno de los protestantes fugitivos de Sevilla se movió a reparar esta falta; emprendió y llevó a cabo, no sin acierto, una traducción de la Biblia y logró introducir en España ejemplares a pesar de las severas prohibiciones del Santo Oficio.

Esta Biblia, corregida y enmendada después por Cipriano de Valera, es la misma que hoy difunden, en fabulosa cantidad de ejemplares, las Sociedades Bíblicas de Londres por todos los países donde se habla la lengua castellana.

Así, nos pretenden engañar, con insano optimismo, exponiendo que la lista de parados ha sido menor el mes de diciembre de que los anteriores, y, también menor que el del mismo mes del año Indudablemente, los parados no sufren accidentes en el tajo y menos los de la construcción, cuando no se construye.

Perderemos millones de euros en estos momentos de crisis. Clavo mis ojos en los suyos, como jugando, para avergonzarlo. Y, él, mira la camisa. Mejor hay que sonreír. Si me voy, él me sigue. Si me quedo, él me habla. Entré a mi casa. Salí al cine, con la vieja.

Y él, triste, se perdió al llegar a una esquina. Parecen perros hambrientos, apaleados, corridos. Por fin se acerca. No, no señor, no, disculpe. La oscuridad me ahoga. Yoni, compañero de clase: Las piernas de Gilda son mejores. Uno de estos días se las toco. Pierde su tiempo conmigo. Sacó las manos de los bolsillos. Dio una patada en el aire. Se mordió las uñas. Esbelta y triste quedó su imagen, en relieve, contra el sol. Las tiendas del Jirón de la Unión permanecían cerradas.

Poquísimas personas transitaban por el centro de la ciudad. El viento, opaco y caluroso, levantaba hojas de periódicos amarillentas y sucias. La tarde —lenta, sudorosa, repleta de sonidos sordos y lejanos — se levanta la niña.

La ciudad soportaba el peso, salvaje y violento, del sol. Uno siempre se ha de encontrar con locas. Que le ofrecen hasta el cielo. Mi cara tiene la culpa. Cuando gano plata en el billar mi vieja cree que ya estoy con uno de esos y, sin averiguar nada, me pega. Hoy me ha pegado. Siempre he querido ser hombre. Pero siempre he fracasado. Tengo miedo de ser cobarde. A los soldados —no sé dónde lo he leído —. Antes de la batalla le dan pisco con pólvora para que sean valientes.

En lugar de pólvora, que no puedo conseguir, como fósforos y sigo siendo cobarde, sin embargo. Si uno quiere tener amigos y gilas hay que ser valiente, pendejo. Hay que saber fumar, chupar, jugar, robar, faltar al colegio, sacar plata a maricones y acostarse con putas. Mi vieja, también, tiene la culpa. Y lo peor del caso es que me trata así delante de los muchachos de la Quinta y me expone a burlas. Siempre tengo que trompearme para demostrarles que soy hombre. El otro día, a las cinco de la tarde, me envió a comprar pan.

Protesté, pero al final, como siempre, se impuso la vieja. Saqué la bici y, pedaleando a todo full, pasé por la esquina. Al volver los vi en la puerta de mi Quinta. Cuando quise entrar, Colorete cogió la bici.

Con sonrisa maligna dijo: Aquí nadies es niñito de casa. Aquí sólo hay hombres. Me gusta comer pan. Colorete, poniéndose serio, repuso: Y sin darme tiempo, tomó la bolsa y repartió el pan. Comimos, en silencio, sin mirarnos, como si estuviéramos cumpliendo una tarea penosa, colegial, aritmética.

Uno a uno los muchachos se fueron. Al final, sólo quedó Colorete. Me asustó con la mirada. Ya no había cólera ni burla en sus ojos: Cuando se dio cuenta que lo miraba, se avergonzó. Quise darle la mano y decirle: Pero qué difícil es sincerarse sin cebada. Sé que esa tarde Colorete quiso decirme algo, sin embargo, calló: Sin decir nada se fue.

Esa noche no pude dormir. Resonaban las palabras de la vieja, pobre vieja, pobre: Toda la plata que te doy te la juegas. Eres un mal hijo. Olor de gasolina en el viento sofocante. El trabajito salió como el ajo. El dinero que se consiguió tuvo que gastarse en cine, en carreras, en cebada, en cigarrillos finos.

No se puede comprar ropa, para no meterse en pleitos con la vieja. Grita y se impone y, si el viejo protesta, le saca en cara su negocio, su cantar: Llega a la Plaza San Martín. El sol opaco y terrible cae sobre los jardines. Obreros, vagos, soldados y marineros duermen en el pasto: Siento, en no sé dónde, una pereza blanda, como si fuera algodón.

Ahora, sube por la garganta y no puedo contener un bostezo delicioso, esperado, que me hace lagrimear.

El cielo, pesado y ardiente, sofoca. Se agitan como patos. Pantalones negros, azules celestes; camisas rojas, negras, amarillas se estremecen delirantes entre ramas verdes. El cielo estaba nublado, sucio, triste. Los cuerpos parecen que tuvieran miel y las camisas se pegan, tibias. Ganas de quedarse en la mitra del Papa. Sabe que Colorete le lleva bronca.

Empieza Colorete Estaban frente a frente, midiéndose. Hay cólera y odio animales en los ojos grandes y biliosos de Colorete. Transpira, cierra y abre los puños, desesperado. Escupe a un lado y a otro, nerviosamente. Trata de explicarse el porqué la bronca que le lleva Colorete.

En el pecho siente un charco helado que lo hiere. Cómo quisiera que, de un momento a otro, Colorete le diera la mano, que los muchachos dijeran: Colorete se avienta furioso, lo toma por la cintura y cae al piso. Colorete se encabrita y logra incorporarse botando al suelo a su enemigo.

Los contendores se quitan la camisa. Voltea el rostro y lo mira. Los ojos de Colorete ya no tienen furia, tienen un brillo extraño que asusta. Es el mismo brillo y la misma ansiedad que vio en los ojos de Gilda la noche que casi le toca las piernas. Desesperadas las manos se prenden al pasto y grita. Los muchachos ríen y hacen cargamontón. Lo aprisionan y le hurgan los bolsillos, pero no encuentran plata.

Cuando fue el baño escondió entre las medias tres libras. Le preocupa la opinión de Colorete. El Rosquita las lava en la pila. Colorete lo mira con disimulada ternura y expresivo asco. Un día de estos te agarro, de verdad. Hasta ahora nadie me ha dicho mostacero. Vas a ver quién es Colorete.

Vas a jugar conmigo, conmigo, y quien pierde se la corre, aquí mismo. Los deja caes suave; ruedan: Colorete recoge los dados. Escupe a uno y otro lado. Cierra los ojos y tira los cubiletes: Del bolsillo trasero del pantalón saca una foto y se la enseña.

Se pelean por verla. Cierra los ojos y piensa en Gilda. Todos se quedan en silencio. Sólo se escucha, a lo lejos, el ruido de autos y tranvías y, de vez en cuando, pitos; cerca: Un olor picante a madera, a manzana, lo transporta a los brazos de Gilda. Corsario le mira el rostro arrebatado. El Chino, como hipnotizado, no deja de mirarlo. Carambola, asustado piensa en Alicia cuando baila; el Príncipe, también piensa en Alicia y recuerda a Dora.

Natkinkón, en cuclillas, sonriente, se come las uñas. El Rosquita, gracioso y palomilla, da vueltas y no puede contener la risa pícara. La tarde se ha detenido. El Rosquita, por delante, sale del Parque de la Reserva, enseñando las tres libras. Manos Voladoras con mirada provocativa y gesto resentido, contestó: Conozco el gusto de mis clientes. Corsario levantó la cara por encima del chiste que estaba leyendo y con ojitos pícaros rió. Los que esperaban turno sonrieron, deshonestos: Para ellos todo, todo, todo tiene doble sentido.

Diligente como dueña de casa desplegó un paño blanco, blanco. Abrió un frasco de perfume y aspiró, goloso, y, con disimulo coquetón, se miró en el espejo. Don Lucho, entre tanto, prendió un inca. La claridad violeta de la peluquería se enturbió con el humo denso de tabaco negro. Fuera, a pesar de ser casi las cinco de la tarde, hacía oscuro: Después de muchos arreglos y aderezos de cirujano, Manos Voladoras se dispuso a trabajar.

Corsario, desafiante y curioso, emplazó. Volvió a la cabeza de Don Lucho. Es un fastidio trabajar en este barrio. Aquí, nadies, nadies, nadies lee. Cuando trabajaba con Mario en San Isidro y…. Los conocidos del barrio salieron curiosos de su casi sueño dulce color naranja y miraron fijamente a Don Lucho. Corsario dejó el chiste y ansioso se acercó al gran sillón. Manos Voladoras lo espantó. Corsario, dando vuelta al gran sillón, huía asustado de Manos Voladoras que, delicado, lo perseguía queriéndole meter la tijera en plena cara.

Tengo muy bien entendido, para que lo sepas y lo pregones, que ser roc no sólo es usar bluyins y camisa roja: Ser roc significa… bueno, por ejemplo, hacer lo que ha hecho el Príncipe. Repuso, pico a pico, Corsario. No me hagas reír. Ahora se lo digo para que te pegue. Manos Voladoras volvió a su faena.

En lo que ha terminado ese muchacho. Eso sí, yo nunca permití que pisara mi billar. Se hace el mosquita muerta y es capaz de chuparle la sangre a su mismo padre. No me diga que no; porque yo sin ser de la familia conozco las cosas de cerca, de-cer-ca. No hable de esa forma de mi compadre. Corsario, venenoso y burlón, intervino: El Príncipe ha dormido una sola vez en mi casa y ni-siquiera-lo-he-mi-ra-do. Y durmió; porque su padre lo botó de su case, lo-bo-tó-de-su-ca-sa.

Y como su casa es estrecha y su hijo duerme en el mismo cuarto y es un estorbo para sus aventuritas, lo manda al taller y mientras mi pobre Príncipe tirita el viejo sucio se revuelca calientito con alguna polilla cochina.

Y mientras Manos Voladoras hablaba con ternura de mermelada de durazno de su pobre Príncipe, Corsario tomó el pulverizador. Llueve, llueve, llueve fino. Silueta azul, sudorosa y agitada, torea autos y tranvías. El asfalto brilla negro y el jebe de los zapatos amarillos resbala en el cemento.

La neblina se deshace en la boca como helado de leche. Colorete va a tener envidia. Autos y tranvías se aglomeran en calles estrechas. Corre, corre apresurado, atropellando gilas, a propósito. Ambulantes con carretillas impiden el paso. La ciudad despierta de la neblina oscura y entra bulliciosa a la noche iluminada. Espuma y oro líquido rielan y refulgen en mesas de metal.

Radiola loca siete colores, siete maracas. Cubiletes y carajos caen violentos sobre mesas llenas de cebada. Colorete baila solo frente a la radiola. Natkinkón, moreno empedernido, tamborilea en una silla.

De pronto, desde la puerta del café, Corsario grita: Llamamos la atención de nuestros educadores para que, de una vez por todas, enfrenten con valentía este agudo problema de rocanrolerismo. Ansisos devoran la noticia y sorprendidos quedan en silencio. Apenas tenía catorce años y ya estaba aburrido de mi casa: Y el espeso del Borrao, ese de Normas Educativas, me llevaba bronca, me tenía asado.

En Toquepala no encontré ni agua. Los gringos son bien malditos. Entonces, lueguito me fui a Tacna. Ahí conocí a un chileno:

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Pero después me di cuenta de que en la narrativa anterior cuando tenían que emplear palabras groseras ponían la inicial con puntos suspensivos. Es el mismo brillo y la misma ansiedad que vio en los ojos de Gilda la noche que casi le toca las piernas. Muitos se apilotaban arredol de mi leito, esbufalius y con mans tremolosas. Toda la plata que te doy te la juegas. El castellano se estableció totalmente en Aragón gracias a la dictadura franquista en el siglo XX. Todos se quedan en silencio. Las tiendas del Jirón de la Unión permanecían cerradas. Lo sacaron a patada limpia. Mui atabalau, no enzertaba a tallar las grandoletas. Le caí en simpatía y me consiguió un trabajito en un bulín. Se rebutiu de mierda por las pudencas auguas de las alcanduces, emplidas de bafurosas ratas Se llenó de mierda por las apestosas bubblebutt putas putas de las alcantarillas, llenas de asquerosas ratas. Desplumando a un pollo escaldado y descoyuntado, que le colgaba cabeza abajo. Hay que saber fumar, chupar, jugar, robar, faltar al colegio, sacar plata a maricones y acostarse con putas.

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